lunes, 30 de noviembre de 2009

Cruzada Por los Pibes. Nueva campaña de Choferes Solidarios de la Línea 266.


Es la campaña que iniciaron los Choferes Solidarios de la línea 266 (Expreso Villa Galicia San José) para la colecta de: *ALIMENTOS NO PERECEDEROS y JUGUETES que serán entregados el día 24 de Diciembre, en el asentamiento 17 de Noviembre, ubicado en el Camino Negro y Canada de Ing. Budge (Campo Tongui).

Con el lema: "Cruzada Por los pibes...juntos podemos llevarle la Navidad" los choferes buscan reunir gran cantidad de elementos -como ya lo hicieron en su primera campaña (mayo 09) a favor del pueblo Mapuche de Neuquén- a los chicos más de 5000 chicos que viven en el asentamiento 17 de Noviembre, en condiciones de extrema pobreza.

Las donaciones se reciben en las terminales de la línea Villa Galicia San José en:

Lómas de Zamora: Alsina 2037, pegado a la estación del Ferrocarril Roca.

Burzaco: Terminal de colectivos Línea 266/510 (Calle Pellegrini, lado Este, Estación Burzaco)

Para retirar donaciones de su domicilio puede llamar al celular: 155-599-5942 de Rubén Fredes.

Colabora: Pasajeros Solidarios

domingo, 22 de noviembre de 2009

Reflexiones de un padre. "El chequeo general".

Finalmente decidí hacerme un chequeo general. Haría unos cinco años no me hacía uno, y la última vez fue cuando me operaron de apendicitis.

Lo estoy haciendo por un centro cardiológico que aparenta ser muy bueno; la doctora no se conformó en los análisis de orina, sangre y electro sino también que me ordenó hacerme una “eco dopler” y también uno electro de fuerza (al proctólogo, gracias al señor, por ahora lo dejamos para más adelante…)

Todavía no fui a verla con todos los resultados de los estudios. Pero si fui a hacerme el electro de fuerza; como ya había contado en una entrada anterior hace bastante tiempo que estoy falto de deporte y con unos cuantos kilos de más. Las únicas actividades físicas que hago es caminar y no lo hago por deporte sino porque no tengo auto. No, bueno, caminar me gusta. Y suelo salir a hacerlo con Abril y Tomás por el barrio los fines de semana. Pero no como caminata deportiva. Gimnasio tengo uno a la vuelta de mi casa pero me aburre olímpicamente. Todavía no estoy decidido que voy a hacer a partir del año que viene. La doctora me aconsejó tenis o golf. Ja, que ilusa ella. Tenis, vaya y pase pero ¿golf?...deporte burgués, diría Chávez. Yo estaba entre el chinchón y el dominó; veré luego cual de los dos es el menos riesgoso…

La prueba del electro de fuerza fue la bicicleta. Yo, que hace años no me subía a una ni como de acompañante. De todas maneras la pude superar dignamente. Pidiendo la hora, claro, pero concluyéndola al fin.

La doctora descubrió que durante la prueba me subía la presión, la mínima. Y anotó “hipertensión arterial”. Entonces me aconsejó ponerme el “aparatito” que te controla la presión ( y los latidos) durante 24 horas. Como un “holter” pero para la presión.

Hoy al mediodía me lo instalaron. Un poco grande a mi gusto: de un lado tengo un aparato del tamaño de los viejos walkman que te hace bastante bulto debajo de la remera al punto que parece que te “afanaste” algo de un negocio. Por eso de regreso a casa evité entrar a uno. Y del otro, cruzando la manguerita por mi cuello-espalada, me pusieron en el brazo izquierda la “cinta de capitán” (un orgullo, para mí) que es la “cosa” que se infla y parece que una mano invisible te presiona el brazo cada cinco u diez minutos. Muy “cómodo”. Con esto estuve andando todo el día.

La técnica que me lo puso me aclaró que podía normalmente con la única condición que cuando el aparatito avisara (con dos pitidos) que va a tomar la presión tengo que detenerme (o sea dejar de hacer lo que estaba haciendo) y esperar a que termine. Si no, no la toma.

Ello implicó que mientras regresaba caminando por la calle principal de Adrogué, por ejemplo, me detuviera repentinamente en la vereda al sentir la presión invisible en mi brazo. Y para disimular me paré frente a una vidriera durante los 30 segundos que dura el control simulando interés en algún producto en exposición que, para mi vergüenza, resultó ser un local de ropa interior femenina.

En Burzaco, me agarró nuevamente en el túnel que cruza la estación y para no entorpecer el paso me puse junto al puesto ambulante mirando con falso interés las toallas y toallones. Muy feos, por cierto. –“Estoy mirando”-fue la clásica respuesta que le ofrecí a la señora que se acercó, supongo yo, entusiasmada pensando que era una venta segura.

Así llegué finalmente a casa. Lo tengo que tener hasta mañana domingo a las 12.30 horas ¿lo aguantaré?

(Escrito el sábado 21/11/09 a las 16,30 h. Hace 4 horas lo tengo puesto).

ADDENDA
Domingo 22 de Noviembre
.

Y aguanté casi hasta el final. A las 11.30 me lo retiré porque no lo soportaba más. No fue cómodo dormir con el aparato. Menos mal que “mágicamente” dejó de hacer los pitidos durante la noche.

lunes, 16 de noviembre de 2009

Mi hija me tuvo al trote...

Este fin de semana, Abril aprendió a andar en bicicleta sin las rueditas. ¡Todo un logro!.

Un logro compartido...porque yo logré bajar un par de kilos (habran sido gramos pero dejenme ilusionarme) ya que, a semejanza de un guardaespalda corriendo a la par del auto del presidente, estaba yo haciendo lo mismo pero junto a la bicicleta de mi hija.

Ahi estaba yo, bastante desacostumbrado al ejercicio físico, trotando y, lo que es más complicando,dandole indicaciones para mantener el equilibrio. O sea, corría y hablaba a la vez. Y el aire que lograba renovar en el trote lo perdía al hablar.

Además, también tenía que ir atento a Tomás -su hermano- que iba con su bicicleta con rueditas apurado y protestando porque lo dejábamos atrás. Y cada tanto, ante una frenada o maniobra brusca de Abril él -que venía embalado- me daba con su rueda delantera de lleno en los tobillos. Una "agradable" sensación, se los aseguro.

Pero el objetivo se cumplió. Ella esta felíz por lo aprendido y yo tan felíz como extenuado.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Cuando me "robaron" el celular (o no todo es lo que parece).

El hombre que estaba sentado a mi lado en el colectivo 93 se removía en su asiento de forma incómoda. Tanto, que me llamó la atención.

De pronto se levantó y se ubicó adelante, en otro asiento “de dos” junto a otra persona. Giró su cabeza y me observó, no una, sino dos o tres veces. Yo lo miré y pensé: que actitud sospechosa la de este hombre. De haberse cambiado lo lógico, al menos para mí, era pasarse a un asiento, sólo. Entonces llevé la mano a mi cintura para agarrar mi celular y no estaba. Tanteé mis otros bolsillos del traje y no lo sentí. El hombre, nuevamente me miró. Ahí supuse que me habían robado el teléfono, mejor dicho que él me había robado el teléfono. Era un "kyocera" fuera de moda, pero no importa. Era mío. Todos esos movimientos que el hombre había hecho sumado a sus miradas avalaban mis sospechas.

Indignado, pensé en que acción tomar. Y me dije, si le digo algo seguramente va a reaccionar, y lo hará para disimular. Tendré que estar preparado para una escena. ¿La dejo pasar? No, ni loco. ¿Espero a que baje?-tampoco, vaya a saber dónde lo hace. Entonces me paré a su lado y le dije en voz baja: -por favor, señor, ¿se puede fijar en su bolso si no se “cayó” mi celular? - Me miró extrañado porque pareció no entender la frase y se puso a buscar en el suelo y debajo del asiento. –No, no hay nada- me respondió-. Y agregué, siempre en voz baja y con “buenos modales”: - No, señor, fíjese adentro de su bolso-. El hombre demoró unos segundos en comprender e, indignado, comenzó a gritar: - ¡¿Que se creé que soy, un ladrón?. Eh?!-. Y comenzamos un intercambio de frases fuertes. Yo le pedía que me mostrara su bolso. Él se negaba y casi lo abrazaba. Habíamos subido el tono de voz al punto que el chofer, gritó: -A ver ustedes dos si se calman…!

Estaba llegando a mi parada y mucha era la bronca que tenía. En silencio pero con una mirada desafiante con una mano tomé la manija a espalda del hombre, y con la otra la que estaba al frente de éste, como avisándole que no le iba a permitir bajar.

De pronto, en un movimiento, mi brazo rozó mi pecho izquierdo y sentí en mi bolsillo interior del saco algo duro. ¡Uy!, -pensé- ¿será el celular o mi billetera? Estaba seguro que había revisado en todos los bolsillos. Ante la duda, y viendo que ya estaba en la parada que debía bajarme me di vuelta y toqué el timbre. En ese momento no me animé a revisar que era lo que había "rozado", porque si encontraba el celular se armaba peor y, confieso, no iba a poder soportar la escena ridícula a la que me iba a exponer. Mucho mayor a la que ya había generado. Me di vuelta y toqué el timbre. No sin antes volver a mirar al hombre que seguía sentado con su bolso en la mano.

Me bajé, caminé unos cuantos metros más si animarme a conocer la respuesta. Cuando por fin a la media cuadra y casi entrando al edificio metí la mano en el bolsillo y extraje entre insultos mi "Kyocera" sano y salvo.

¡Que vergüenza!. ¡Pobre hombre!-pensé. Lo correcto hubiera sido una disculpa arriba del colectivo. Pero el temor al ridículo y la vergüenza pudieron más y me bajé como un cobarde. Las sospechas que tenía en ese momento de que me había robado eran para mi suficientes para acusarlo de ladrón. Injustamente como comprobé luego. Las frases corrieron en mi mente una y otra vez: “Las apariencias engañan”. “No todo es lo que parece”. “Nadie es culpable hasta que se demuestre lo contrario”.
¡Que pelotudo!, me insulté a si mismo. Me sentí un miserable. Y me quedé corto.

Esta situación que describo la viví hace unos cinco años atrás, y la traje a colación luego de leer una entrada de Nacho Goano en su blog. Y me identifiqué en un ciento por ciento con lo que él sintió luego de una situación ocurrida en diferente circunstancias pero en el fondo parecida.