viernes, 29 de abril de 2016

"Ser feliz era esto"

Ayer por la noche me acerqué -como todos los años- a la Feria del LIbro porque quería escuchar la mesa de : “Fútbol e Identidad”, organizado por la Dirección General de Convivencia en la Diversidad de la Subsecretaría de Derechos Humanos. GCBA. Participaban la Prof. Mónica LIzzardo de la asoc. "Salvemos al fútbol", el  Dr. Ariel Gelblung de Centro Simon Wiesenthal y uno de mis escritores preferidos -y admirado, por supuesto- Lic. Eduardo Sacheri.

En la charla pude conocer el trabajo que vienen realizando las dos instituciones para erradicar la violencia, la corrupción y la discriminación en los estadios y, también, claro está, en el ámbito del fútbol (que para combatir a las barras tendría que extenderse a la política partidaria por el gran -y mal- uso que hacen de esta manga de forajidos e imbéciles que dicen ir alentar en las canchas a sus equipos pero solo buscan el "negocio sucio", como muchos de los directivos, políticos, sindicalistas, la policía y un largo etc y la Justicia que muchas veces mira para otro lado tampoco está exenta).. En fín. 

Pero más me atraía esta charla porque iba conocer personalmente a Eduardo Sacheri (ya he mencionado varios de sus libros), y fue un gusto escuchar uno de sus escritos, "Yo no tengo aguante"- leído por él (muchos sabrán que su autor es de Independiente

desde que nació pero que va siempre a la cancha desde chico y que a través de sus cuentos e historias también condena la violencia en el ámbito del fútbol. Un tipo sencillo, humilde, docente y enorme escritor.
Parafraseando a Peteco Carabajal (1), Sacheri tiene la habilidad con su escritura de que "lo cotidiano se vuelva mágico".
Y obviamente no perdí la oportunidad de hacerle firmar una de sus novelas que lleva por título el que encabeza esta entrada ("Ser feliz era esto")....Y si, para mí, la felicidad también es esto. Y ahora...ahora a disfrutar de su lectura. (Gracias a Emanuel por las fotos!)

(1) Letra de la canción "Las manos de mi madre"https://www.youtube.com/watch?v=7j3zolfdnHg

miércoles, 6 de abril de 2016

Una de las tantas historias de mi barrio: la quinta Rocca (Burzaco)* por Juan Pablo Gómez (escrito en Mayo de 2014)

Desde que me mudé a Burzaco, a finales de 2005, uno de los lugares que más atracción me produce –y son muchos los que me gustan y disfruto en  esta bella zona- es la quinta Rocca.
 
Ese  “muro” natural de eucaliptos, pinos y otras especies durante mucho tiempo ocultó a la vista de quién pasaba por su frente, la belleza de su interior. Y una de esas tantas miradas, era la mía.

Recuerdo que varios años antes (1993) vine a visitar a un amigo que conocí en el servicio militar. Yo vivía en Remedios de Escalada. Y... lo que son las cosas, en ese entonces para ir a su casa me bajé en Av. Espora, frente a  Corimayo,  a la altura del cementerio Gloriam. Descendí del "san vicente", y empecé a caminar "barrio adentro”. 
 
En un momento de la tarde, lo acompañe a comprar algo de mercadería y me llevó hasta la iglesia de Nuestra Señora del Tránsito, donde él concurría.
 
También recuerdo que me llamó la atención la construcción tan antigua, la plaza y la esquina de 25 de mayo y Lahille (sin ochava).  Mientras caminábamos me iba contando las bondades de su barrio.
 
Cuando volví a la estación de Burzaco para tomar el tren, mi amigo me acompañó. Y recuerdo perfectamente que le pregunté que era esa gran arboleda que se podía observar desde el (colegio) San José. “Es una quinta”- me dijo. Y ahí quedó el asunto.
 
No regresé  hasta 2005, cuando me mudé.  Acá supe que  su barrio era Ministro Rivadavia. Y que la quinta que tanto me atrajo desde ese entonces era la quinta Rocca (Burzaco). Hoy vivo a  cuatro cuadras de ésta y a una de la esquina que me había bajado por primera vez.
 
A partir de entonces, para ir a mi trabajo cruzo a diario frente a la quinta. Durante un buen tiempo era contemplar su arboleda e intentar descifrar que había detrás.  Cuando en 2007 fue noticia por su adquisición por parte del municipio, para el proyecto de la Universidad de Alte. Brown, pude conocer algunos datos. Y se descubrió ante mí la fachada de la espléndida casona.  Me propuse entonces averiguar más. Conocer el lugar y su interior. Su historia.
 
La -hoy, ex- quinta Rocca está ubicada al 4300 de la Av. Espora (kilometro 27 de la ruta 210, como antes se conocía). Tiene de frente casi trescientos metros,  quinientos de un lado (San Albano) y casi cuatrocientos del otro (calle Blas Parera). Son 13 hectáreas.
 
A partir de que pasó a manos del municipio, se hicieron algunas mejoras. Se quitó el alambrado bajo y derruido, se levantó un cerco más alto en todo su perímetro y se construyó los pilares para el portón de su entrada. También se hizo la vereda y periódicamente desmalezaban.  Pusieron un cartel que todavía está en pie, mediante el cual anunciaba la “puesta en valor” del predio; me informaron en ese entonces que se iba a realizar arreglos en la casona. ¿Qué se hizo en ésta?, con certeza no lo sé. Pero cuando visité su interior,  a principios de 2013, su estado era de completo abandono
 
Abro un paréntesis para contar en pocas líneas sobre sus antiguos dueños, en base a la búsqueda que vengo realizando.
 
La casona fue construida en 1920-1921 y perteneció a don Manuel Rocca y su esposa Doña Luisa Isabel Rocca (tenían mismo apellido porque resultaron ser parientes), ambos eran oriundos de génova. Erroneamente muchos todavían suponen que la quinta era del General Julio Argentino Roca pero es una confusión por el apellido unicamente. No sé con certeza a que se dedicaba don Manuel pero lo cierto es que logró hacer cierta fortuna en la Argentina. Su residencia era en la ciudad de Buenos Aires, la viuda y sus hijos vivieron en la Av. Córdoba 2445 donde se levanta el Palazzo Rocca, que hoy ocupa el Conservatorio Nacional de Música (IUNAhttp://artesmusicales.org/web/index.php/institucional/historia.html) .

El matrimonio tuvo 8 hijos y la casona, según me dijo un descendiente, fue construida para su hija doña Concepción Rocca porque sufría de problemas en las vías respiratorias y le habían recomendado el aire "de campo".  Don Manuel Rocca, murió en 1923.
Cierro paréntesis
 
Esa casona de 1200 m2 cubiertos, estilo tudor, con 14 habitaciones (incluyendo las que había en el sótano), se mantiene en pié, erguida y orgullosa, porque sus materiales son de primera calidad, su construcción eran como las que se hacían antes: duraderas. Y su diseño, exquisito.
 
Su imponente entrada (también la del lateral cubierta por una esplendida galería), sus puertas doble hoja de noble y buena madera, las salas de la planta baja, sus pisos de mosaicos graníticos y de roble enlistonado, sus paredes con revestimiento en roble lustrado, sus ventanales con vitraux y heráldicas, el hogar con chimenea, la imponente escalera en madera, y hasta un ascensor tiene. Todo se conserva; aunque con el paso del tiempo y el abandono, van sufriendo un lento –en algunos sectores,  acelerado- deterioro. La parte que más lo sufre es la planta alta, por las filtraciones que tiene el gran techo de tejas.
 
En el piso superior hay diez habitaciones agrupadas en suites de dos habitaciones con sus respectivos baños.  El agua, en esta oportunidad, es la enemiga de paredes y pisos de listones de madera. Los va humedeciendo, pudriendo y hundiendo. 
 
Es un regalo contemplar desde su mirador de 20 metros de altura, el bosque verde que la protege (1).
 
A pesar del abandono que sufre desde hace años, ella se muestra orgullosa y guarda tesoros no solo materiales sino de los más importantes:  los recuerdos. Fue testigo de una época de esplendor, donde en ese inmenso parque   –que contaba con un pequeño estanque artificial lleno de peces, dos hermosas  fuentes y gran pileta- corrieron y jugaron  los 8 hijos del matrimonio Rocca, los hijos de sus hijos y sus bisnietos.   Fue escenario incluso de películas de los años dorados del cine argentino, como “Viuda, Joven y Estanciera” (1941) o “La piel de zapa” (1943) y varias más realizadas por pequeñas productoras. La última fue hace unas pocas semanas cuando filmaron la que será la película “Resurrección” (ambientada en 1870 época de la fiebre amarilla) que cuenta a Patricio Contras y Martín Slipak entre sus actores (2).
 
Fue también mudo testigo de cómo se fue poblando los alrededores. Incluso sobre sus propias tierras. Porque la quinta, en las primeras décadas de 1900, era un campo que abarcaba desde lo que es hoy Av. Monteverde y Camino de cintura hasta la calle 25 de mayo (la del acceso principal a Ministro Rivadavia). Y hacia el Oeste hasta las vías del FFCC Roca.

Luego de que se fuera loteando y vendiendo, en sus tierras hoy se levantan: la terminal de la empresa San Vicente, el barrio aledaño, la planta de EDESUR, el club San Albano, el campo deportivo y recreativo de ATE,  La Serenísima y el barrio "Viplastic" (ya Longchamps).   
 
Hoy, a pesar del paso del tiempo y el peso del abandono tenemos el  placer de  apreciar todavía sus hermosos detalles, su estilo y su belleza. 
 
Hermoso sería que todos podamos disfrutar de caminatas por sus casi 128.000 metros cuadrados, entre su frondosa y añosa arboleda que cuenta con una gran variedad especies; disfrutar del silencio, solo interrumpido por el canto de las aves.
 
Hoy la (ex) quinta Rocca nos pide a gritos ayuda. Es uno de los escenarios más importantes de Burzaco y de la región por sus características naturales y por ser un pulmón que nos da vida.
 
Es la naturaleza, esta vez,  que nos pide ayuda…
 
                                                                                               En Corimayo, 18 de Octubre de 2014.
 
(*) Es parte de un escrito más extenso sobre la ex quinta Rocca, adaptado para el reclamo del grupo de autoconvocados “Vecinos por la protección de la (ex) quinta Rocca”.Fotos e imágenes obtenidas por el autor. Se permite su reproducción citando la fuente)
(1) Los datos sobre el interior fueron aportados por uno de los herederos de la familia y están documentados.

¡Cómo me alegré!

Fuente: Lee por gusto
Se los aseguro. Me puse contento como si lo hubiera ganado un amigo.

Sacheri ganó el premio "Alfaguara" por su nueva novela "La noche de la usina".

He leído casi todos su libros y los he disfrutado al máximo. Un autor tan humilde como notable. Gran observador y narrador de historias mínimas, de historias cotidianas que tiene la habilidad de contar a lo grande historias pequeñas. 

Los que no tuvieron el gusto de leerlo, se los recomiendo: "Papeles en el Viento", Araoz y la Verdad", "La pregunta de sus ojos", "Los dueños del mundo", entre otros. Y sus cuentos, que no tienen desperdicio. Muchos se van identificar, van a rememorar su infancia y juventud...van recordar la calle, el potrero, los juegos, la escuela, los amigos. Y no van a dejar de conmoverse en más de una de sus historias. 

Eduardo Sacheri. Un tipo simple, que tiene códigos -y los respeta-, que vive  en el oeste del gran Buenos Aires, un profesor de Historia que no ha dejado nunca de enseñar. 

Un tipo como vos y como yo, que te lo podes cruzar en el barrio. Como a un amigo. 

Grande Sacheri!




La última edición de "Los  dueños del mundo" fue la lectura -que disfruté mucho, por cierto- en los días de descanso en Merlo (SL- Foto Juan Pablo Gómez)