lunes, 19 de noviembre de 2007

Televisión por la Identidad. Recomendable.

"CADA NIETO QUE SE ENCUENTRA ES UN TRIUNFO SOBRE LA DICTADURA ARGENTINA" (Estela Carlotto, presidenta de "Abuelas de Plaza de Mayo")

Televisión por la Identidad. ¡Al fin algo bueno por la TV abierta!...y ¡en horario central!.

Que digo bueno…¡excelente!, fueron los tres capítulos del ciclo “Televisión por la Identidad”, que TELEFE ha trasmitido –y que ahora está repitiendo- los días lunes a las 22.00 h.
Como muchos sabrán, este ciclo es una especie de crónica y a la vez homenaje a la enorme -como maravillosa- tarea que desde hace 30 años vienen realizando las “Abuelas de Plaza de Mayo”.

La Sra. Estela Carlotto, propuesta para el premio Nobel de la Paz, es la presidenta de esta organización, que ha logrado, a la fecha, la recuperación de 88 nietos y aún hay, se calcula, unos 400 por encontrar.

Niños que fueron robados de los brazos de sus madres al momento del secuestro o luego de nacer. Sus padres –hijos de estas abuelas luchadoras- fueron asesinados por la peor dictadura en la historia de la República Argentina.

Militares trasnochados, borrachos, y asesinos que no tuvieron mejor plan para llevar adelante sus gobiernos de facto que aniquilar a quienes ellos consideraban “peligrosos”: secuestrando, torturando y matando a los que no pensaban igual y se animaban a manifestarlo. Se manejaron con total impunidad. Y muchos de esos asesinos aún están libres. Y si bien, hoy vemos la imagen de ancianos -“inofensivos”, para algunos- no debemos olvidar que detrás de esas máscaras se esconden atroces asesinos. Y como tal, deben pagar por las aberraciones cometidas. No solo la que dicta la justicia sino la condena que debiera ser más dura que la judicial, la de la Sociedad.

En esta oportunidad las historias muestran otro capítulo negro y aberrante de la dictadura: el robo de bebés y niños pequeños. Apropiación de seres humanos -y de su identidad- que los secuestradores entregaban a otras familias que, por lo general, sabían de su oscura y a todas luces condenable procedencia, pero otras eran totalmente engañadas, como cuentan en el primer envío (El caso de Tatiana Ruarte Britos y su hermana, ocurrido en octubre de 1977 en la localidad de V. Ballester. Restituidas a sus abuelas en 1980).

El programa cuenta y reconstruye en los dos primeros capítulos dos historias reales basadas en los relatos de sus víctimas.

El segundo capítulo refleja la historia de Juan Cabandié (el nieto recuperado Nº 77), un joven de 25 años que fue robado de los brazos de su madre 20 días después de haber nacido, quién se encontraba secuestrada-desaparecida en la ESMA, en marzo de 1978. Y, luego de una ardua búsqueda tanto de él como de sus abuelas, se conocieron en el 2004.

El tercero, es un “caso tipo” es decir, una reconstrucción basada en varios testimonios. Y que aún, los nietos recuperados, también buscan a sus hermanos/as que todavía desconocen su verdadera identidad.

Altamente recomendable “Televisión por la Identidad”. Para verlo en familia. Hoy, lunes, repiten el segundo capítulo.

Comentario

En mi caso particular, tanto el último como el primer capítulo mi señora y yo lo vimos junto a mi hija, Abril, de 5 años (en enero cumple 6). Y si bien es pequeña hay cosas que entienden perfectamente. Ella percibió inmediatamente la atrocidad que la historia contaba. Atrocidad que aún hoy muchos adultos se niegan ver.

Abril, angustiada por lo que veía, nos preguntaba ¿por qué?, ¿quiénes hacían eso? No es fácil explicarle a una niña de 5 años esas situaciones. Cómo decirle que un gobierno que debía velar por la integridad de sus ciudadanos era el encargado de hacer desaparecerlos y asesinarlos. Como explicarle semejante barbarie.

Traté de hacerle entender lo que ocurría, de contarle un poco como era antes; cuando sus papás -nosotros- eran chicos. Y ella me respondía: “- ¿y eso pasa ahora?, - Tengo miedo que nos pase a nosotros”. Le dije que no, que eso había ocurrido antes, que ahora esos “soldados” –por explicarle de alguna forma a través de una figura conocida por ella- no mandaban.

Pero la angustia se le notaba en el rostro. La angustia en el rostro de mi hija de 5 años que no he visto en muchos otros, y fundamentalmente en los que deberían hacer justicia.