lunes, 18 de septiembre de 2017

De golosinas y kioscos de nuestra infancia II: "Una reflexión que costó un huevo"

    A raíz del caso de mi amigo que tuvo una adicción con el polvito saltarín, como adelanté en la primera parte, decidí consultar a un especialista. José L. Taruffetti es psicólogo infanto juvenil. Le expliqué que estaba escribiendo un artículo sobre las golosinas y los kioscos de nuestra infancia, y me interesaba que me diera su parecer sobre lo que le pasó a mi amigo. Taruffetti se acomodó y antes de comenzar a hablar, me ofreció "mielcitas"; esos pequeños sachecitos coloridos por su contenido, que de niños masticábamos para vaciarlos del mismo, otro producto del cual desconocemos su proceso de higiene, o lo que es más acertado decir, no lo tiene.
   Mientras chupaba la mielcita, fue como una especie de "deja vu", porque sentí que esa escena ya la había vivido con mi amigo. Recordé entonces, como si de un flashback se tratara, que saliendo de su adicción por el "Pop Rocks" (ese polvillo rojo), mi amigo recayó en otra. Precisamente, en las "mielcitas". Era ciertamente, no digo grave, pero si preocupante. Porque sólo consumía mielcitas amarillas. Ni rojas, ni verdes. Únicamente amarillas. ¿Que tiene de preocupante?, pensará usted. Le cuento.
  Ocurrió una tarde.
  Cuando ya no quedaba mielcitas amarillas en los kioscos del barrio, porque lógicamente se las había consumido todas él solo. Fue entonces que mi amigo comenzó con una crisis. Y la misma lo derivó a ser hospitalizado para un lavaje de estómago. ¿Pudo ese noble producto producir semejante situación?. No precisamente. Y me explico.
   Mi amigo volvía a su casa algo deprimido por no tener su deseado sachecito amarillo cuando entró a la cocina y como si de una alucinación se tratara, como si un espejismo engañoso fuera, algo le hizo perder la cordura. Se lanzó sobre el sachet de "pinolux" que la madre utilizaba para refregar la mesada de la cocina. Ni el grito de ella, ni el cachetazo en la nunca lo hicieron desprenderse del sachet. Lo vació todo. Fue así como a los gritos pelados la madre pidió a un vecino llevarlo al hospital. Los médicos, por suerte, lograron controlar la emergencia, y luego del lavaje de estómago se sorprendían y se pasaban las placas de la ecografía unos a otros. Los órganos brillaban de limpios que estaban. Fue un caso de estudio en la Universidad de Medicina.
   El licenciado Taruffetti que no había escuchado ni una palabra de lo que había narrado, me miró como extrañado, se acomodó los lentes y me dijo desafiante:
    -¿Sabe?. Lo que que para un infanto de hoy es el cotizado huevo " kinder ", en nuestra época era el sencillo chupetin Topolín, con sorpresa. Ese que resiste con honores y se mantiene en las marquesinas de los kioscos. Es, a mi parecer, un claro ejemplo comparativo de la niñez actual con la otrora, de nuestra infancia- continúo diciendo con un halo de misterio Taruffetti.
   - En la infancia de hoy, un niño o una niña quiere una sofisticada golosina -que no lo es por su envase, ya que solo se trata de un huevo- que contiene piezas de un juguete que viene acompañado de un "plano" con "indicaciones" de como armarlo. Fíjese también el mensaje simbólico que nos trae esa cotizada golosina - me dice Taruffetti mientras pita su pipa plástica lanza burbuja a la vez que con su mano derecha intenta embocar la bocha del balero. En comparación con la que usted comía en su infancia, que por su valor era de fácil acceso para las masas: un sencillo chupetín casi transparente que venía con un simple "juguetito" que consiste en un trozo de plástico que a veces ni forma definida tenía. Uno suponía entonces que era un autito rojo lo que le tocó por sorpresa, pero hasta quizás no estaba definida su silueta...Sin embargo, usted niño, dejaba volar su imaginación y jugaba feliz con ese pedacito de plástico..."- casi no concluye la frase por la emoción que lo había embargado. "Los niños de hoy, en cambio - siguió Taruffetti-, logran llegar a tener ese sofisticado juguetito ¿cómo? rompiendo los huevos, que además nos cuesta como lo que es su envase. Y encima con piezas que hay que encastrar leyendo los planos como si de un maqueta de avión se tratara. Ya me imagino a algunos de sus ingenieros, a esos cerebros huevones, disfrutando saber que al adulto, que el niño o niña recurrirá para armarlo, le costará un......"-y me mira el licenciado, como preguntando...a la espera de mi respuesta- "un huevo"- digo casi preguntando. Y él, por fìn asiente, y sigue: - Exácto, le costará un huevo armarlo. Y mientras el niño o niña está devorando el chocolate, los adultos están luchando con un juguete. Juguete con el que el infanto jugará lo que dura un pedo en una canasta...," concluye casi resinado. Pero retoma el hilo y levantando nuevamente la mirada, la voz y hasta el índice de su mano, exclama: -¿¡Para luego queeee!? - ya está casi gritando- ¡para pasar a pedir otra cosa....como el “spinner” por ejemplo!, concluyó ya evidentemente sulfurado.

     Abandoné el consultorio, mientras el licenciado arrojaba con furia el valero hacia la ventana, haciendo estallar su vidrio, a la vez que pateaba los juguetes que lo rodeaban. Lo que menos quería yo, era contagiarme esa ira; pero mucho menos ligarme los retos de su madre, que se acercaba al consultorio a los gritos: -¡ya vas a ver José, ya vas a ver....estoy yendo!. Fue de regreso a casa, mientras caminaba pensativo, que llegué a la siguiente conclusión:
    
La niñez de antes era un "Topolín", económica y simple-; la actual, un “Kinder”, sofisticada y costosa.

De golosinas y kioscos de nuestra infancia. Con nostalgia y un poco de humor (Parte I).

Si hay algo que uno recuerda con cierta añoranza son los kioscos de nuestra infancia. Aquellos lugares especiales donde uno entraba, y deseaba todo lo que en él había. Lógicamente del deseo al hecho había mucho trecho…Y eso estaba directamente relacionado a la posibilidad –generalmente económica- de compra de nuestros padres; algo que uno de niño no entendía, pero la vida te lo va enseñando a la fuerza… Por lo cual había golosinas que se convertían en deseos permanentes y hasta, a veces, incumplidos. ¿Quién no se ha sacado el gusto, ya de grande, de probar esa golosina de la que fuimos privados en nuestra infancia?, los motivos podían ser muchos, pero generalmente prevalecían dos: porque nos podían hacer mal o porque era cara. A veces la primera servía de excusa para no amargarnos con la segunda. Pero de adultos, al re-descubrir esa golosina en el kiosco, no podemos excusarnos y concretamos ese viejo anhelo. Pequeños placeres, que le llaman.
Y si hay algo que podemos afirmar es que, aun pasado los años, mantenemos una virtud innata -que podría confundirse con un “don” especial- de ser catadores de sabores de golosinas. Volvemos a probar caramelos, pastillas, alfajores, galletitas, que solíamos comer en nuestra infancia y saber sus marcas aún con los ojos vendados. Como esos catadores de vinos finos. Sin embargo, en varias de éstas descubrimos con amargura que su sabor se fue perdiendo. Y nos sentimos estafados al punto de indignarnos: “-¡No señor, las “rumbas” no tenían este sabor!. ¡Antes eran de chocolate, viejo! Y ahora ¿qué le ponen? leemos en el paquete “con nutrileche”, pero la puta, ¡qué carajo es eso! La golosina, per sé, no era sana y ahora nos pretenden vender un producto que ayuda al crecimiento. ¡Paremos la mano!
Por el contrario, con otras golosinas la realidad nos pega un cachetazo, y nos comprueba algo que nunca quisimos reconocer. Algo que ya nuestros padres nos advertían, y a la vez se preguntaban: -¿Cómo podés estar comiendo esa porquería!?. Y efectivamente lo era, aunque debimos reconocerlo con los años, luego de habernos comido toneladas…o bebido hectolitros (Vg. “el naranjú”. Este producto popular –casi rastreo arriesgaría- acompañó nuestra infancia y creo que lo sigue haciendo…Yo fui a la primaria entre el 76 y el 83, y en ese entonces no existía ni la cepita, ni el Baggio, ni el de soja…ni nada que fuera sano, y mucho menos en tetrabrik. El naranjú era nuestro “suplemento diario”.
Había de varios sabores: naranja, frutilla y manzana. Bueno, cuando digo sabor es una forma de decir; “pretendía” ser de esos sabores, pero lo cierto es que se trataba de un líquido sospechoso con colorante, ni más ni menos. Y ni hablemos de su envase. Un manoseado sachet de plástico que no conocía de higiene. Y nosotros lo chupábamos con fruición. En los veranos, era, además, el reemplazante del helado de agua porque los comíamos congelados. A pesar de todo, no recuerdo casos de intoxicación con estos productos. También había otro que venía en un envase de plástico transparente, redondo, con una protuberancia que pretendía ser el pico. Ese “pico” lo arrancábamos con los dientes y nos vaciábamos su contenido. Este jugo era más caro, no siempre se podía comprar; porque claro, era de plástico, aunque su higiene era de igual de deplorable. Sin embargo, atenti, este producto tenía otra función muy valiosa para los recreos: se rellenaba de papeles y la usábamos como pelota. No era “la pelota” pero cubría muy bien nuestra necesidad de generar partiditos de fútbol, algunos todavía recordados con emoción y con el guardapolvo blanco con manchas negras y bolsillos descosidos.
Y ya que estamos de recuerdos, me viene a la memoria otro producto que tuvo poca duración pero que me marcaron; era un “polvito” en sobre, bastante psicodélico –supongo que lo habrán puesto a la venta iniciada la democracia-, que te lo ponías en la lengua y “chispeaba”, como que saltaba. ¡Faaaaa!. ¡Esa sensación era lo más! Conozco a un ex compañero que tuvo que encarar un tratamiento para limpiarse de esa adicción. Pobre, quiso reemplazarla con otras que pensaba más sanas...pero ni la arena, ni las piedritas del sobre antipolilla ni aun triturando la “piedra” perfumada que se cuelga en el inodoro, le ofreció esa inolvidable sensación de “chispas” en la boca. Nadie le hace olvidar a mi amigo, ese recuerdo, especialmente las cientos de llagas en su boca. Cada tanto llora y putea... aunque no sé si por el recuerdo de esa época que no volverá o por el ardor.
Ir a la II parte http://unamiradadesdelsur.blogspot.com.ar/2017/09/a-raiz-del-caso-de-mi-amigo-que-tuvo.html

Olores, sabores y recuerdos...(A mis abuelos Mariana y Raúl)

Muchas cosas disparan recuerdos: fotos, rostros, escenas, lugares, olores, sonidos y sabores...Estos últimos frecuentemente a través de las comidas; ya sea por recetas que se transmiten por generaciones o sencillamente por su contenido.
Así como al severo crítico culinario en "Ratatouille" el sabor de una comida simple lo hace viajar a su infancia a mí, ésta imagen, me lleva a la mía.
Me trae muchos recuerdos, ciertamente, pero no de una olla pequeña para 4 sino de la siguiente escena: 2 o 3 ollas grandes dónde se cocinaba para más de 25 personas...en una cocina pequeña; y no hablo sólo del artefacto sino porque en verdad era pequeño el espacio que tenía esa cocina. Era un ambiente de 2 m de ancho x 4 m de largo donde solían estar hasta 5 mujeres preparando la salsa como ésta de la foto, con el estofado y los fideos....
La escena era en la casa de mis abuelos paternos Raúl y Mariana. En Escalada. Y eran domingos inolvidables donde toda la familia nos reuníamos. Tíos, tías, primos, primas…mis abuelos, claro, y alguna otra visita.
Estos recuerdos de los que hablo, me llevan a los años 80. A mediados de esa década.
Ellos –mis abuelos- vivían frente a mi casa, por lo cual yo solo necesitaba cruzar la calle para estar ahí.
Esos días, generalmente domingos, todos los primos nos reuníamos. Entre nosotros las edades variaban, por lo tanto, también los juegos. Mis hermanos más grandes -Andrea y Romualdo- ya entraban en la adolescencia...por ende estaban con los gustos de esa etapa. Mis primos Diego, Claudia, Matias y Julian tenían más o menos la misma edad también mis hermanas Manuela y Lourdes junto a mi prima Mariana. En ese entonces me parece que aún no habían nacido ni Mauro ni Florencia ( o eran bebés).
Con mi primo Oscar me llevo solo unos días de diferencia y con Raúl poco menos que dos años.
Así fueron mis 12, 13 y 14 años (aunque las reuniones se repetían desde chico). Y ni hablar en las navidades.
Pero esos domingos que hoy recuerdo, me veo en la puerta esperando a Oscar y Raúl que venía desde Temperley; y me sentía feliz cuando veía al inolvidable Jeep doblar la esquina. 
Entonces era cuando el día prometía aventuras y diversión: en el patio, trepados a la higuera o al limonero, en la vereda o en la calle…que solía ser un patio más.
Recuerdo el comedor grande y a mi abuelo Raúl sentado en la punta de la mesa, y a mi abuela Mariana a un costado. Recuerdo las conversaciones de mis tías Mary, Susana, Rosalía y mi vieja, Marta. A mi viejo, Juan, con mis tíos Raúl y Oscar. A los chicos repartidos en distintos lugares de las mesas; donde cupiéramos. No importaba el lugar, importaba estar. Recuerdo la mesa bajita de fórmica anaranjada donde los más chicos se sentaban. El sillón marrón claro, ya casi destartalado, que nos servía para sentarnos y saltar. El bullicio de ese comedor. Había domingos que solían visitarnos Lucrecia y también la hermana de mi abuela: Julia. ¡Mi tía Julia! ¡Mi madrina!. También recuerdo a mi tío Carlos (“cusí”), hermano de mi abuela. Era como un nómade, a veces vivía en lo de mis abuelos y otras veces en la casa de otra hermana.
Recuerdo las tardes en las que se armaba la gran lotería familiar: con los cartones y los porotos que servían para marcar cada número. Tardes de torta fritas, facturas y mates. Recuerdos disfraces con las enormes prendas de “cusí”…pobre.
Charlas de fútbol, política y claro también algunas discusiones. Como en toda familia. Discusiones en las que los chicos siempre estuvimos exentos; porque eran de grandes. Pero después las cosas solían acomodarse.
Mis abuelos: Mariana y Raúl
Nosotros jugabamos todo el día, hasta el anochecer. Y cuando mis primos se iban recuerdo esas carreras que solíamos correrle al Jeep los que habíamos quedado en la vereda. Creo que el record lo tiene mi primo Diego que en una visita a su casa nos habrà acompañado corriendo por tres o cuatro cuadras.
Mis abuelos habían venido de Entre Ríos, de Concordia. No fue una vida fácil la de ellos. Eran trabajadores. Mi abuelo con mucho esfuerzo logró instalar un taller donde fabricaban y reparaban motores que dio trabajo a varias personas, entre ellos a mi viejo y a mi tío. Mi abuela pasó por momentos difíciles que la afectaron, pero no por eso dejaba de recibir a sus nietos que solíamos visitarla con frecuencia; los que vivíamos enfrente, casi diariamente. La recuerdo a veces recostada en su cama viendo la tele, a veces caminando lentamente saliendo del brazo de mi abuelo a pasear. También la recuerdo en Mar del Plata, cuando solíamos compartir días de esas interminables vacaciones. Pero ahí en su casa, en una época, solía encontrarla recostada en su cama donde le gustaba que los nietos más chicos le acariciaran el pelo. Ellos decían (o ella lo pedía, no lo recuerdo) de buscarle “piojitos” pero era una excusa porque no los tenía, pero le encantaba esas caricias que la hacían dormitarse. Y recuerdo ese enorme placar, y los caramelos que siempre tenía a mano para regalarnos.
Me veo atravesar la cocina y el comedor para salir al patio, mirar al fondo y ver a través del ventanal del taller, la luz de tubo fluorescente encendida; eso nos indicaba que mi abuelo estaba allí. El sonido de la radio lo confirmaba. El taller era SU lugar. Ya en ese entonces no funcionaba como supo hacerlo alguna vez. Pero él siempre solía estar ahí, entre virutas de años, tornos apagados (que mi abuelo solía poner a funcionar de vez en cuando), alambres, capacitores y todo tipo de herramientas y restos de motores y metales repartidos en antiquísimos estantes de madera. Veo las añosas telarañas en las esquinas de las paredes de ladrillos. ¡Si habremos sacrificado hormigas con mis primos, en esos complejos y entramados diseños que éstas tenían esas redes de hilo, porque llevarían décadas anidando allí. Y vaya que nos sorprendíamos con sus tamaños!….
En el taller: mi abuelo detrás de la caja y mi papá, Juan, de perfil
Y lo veo a mi abuelo parado frente a la mesada de madera, iluminada por otro tubo que solo le daba luz a su figura y a las herramientas que manipulaba con sus manos temblorosas. Lo veo levantar la mirada al escuchar la presencia de cualquiera de sus nietos o nietas, sonreír mientras nos mira por sobre sus anteojos (a los que quizás le faltaba alguna patilla) siempre dispuesto a escuchar. Era un hombre generoso.
Escena que se repitió durante muchos años, incluso hasta cuando ya habíamos abandonado la adolescencia. Él, en el taller.
Siempre fue un hombre muy activo hasta sus últimos días, a pesar de sus problemas del corazón que sufría desde mediana edad.
Mi abuela falleció primero. Mi abuelo años después. Ninguno lamentablemente llegó a conocer a sus bisnietos.
Ellos eran los que solían reunir a toda la familia los domingos: hijos, nueras, yernos, primos, primas, nietos, nietas….Con el tiempo, como suele ocurrir, cuando ya no están, cada uno va tomando su camino. Solemos encontrarnos, charlar, pero ya no son esas tardes de largos y entretenidos encuentros. La vida pasa. Es un aluvión de días, unos tras otros, donde la vida y la rutina nos mantiene ocupado…y distraídos. Pero los recuerdos siempre están ahí, a veces a flor de piel, a veces, más adentro. Pero están… y se disparan cuando uno quizás, menos lo espera. O ante curiosas situaciones o escenas, como ésta la de la olla con tuco.
Fue una infancia feliz. Y eso lógicamente gracias a nuestros padres, pero también gracias a la presencia de nuestros abuelos, tíos, tías, primos. A esa vida en familia, entre pastas, asados, loterías y juegos.
Juan Pablo Gómez

En Burzaco, el 06 de junio de 2017

Pd. Oscar Nitto, te tomé algunas fotos prestadas. Gracias.

lunes, 15 de mayo de 2017

2da Charla literaria y solidaria, en Burzaco. Invitada: ÁNGELA PRADELLI

El grupo de vecinos que estamos desarrollando el proyecto narrativo "Memoria Colectiva (Alte Brown)", mediante el cual buscamos recuperar historia(s) de distintos lugares de nuestro partido, organizamos junto al Club de Burzaco (en su Centenario!) la 2da Charla Literaria y Solidaria.

En esta oportunidad será una charla abierta con ÁNGELA PRADELLI. 

Será el sábado 20 de mayo a las 17 horas en el Club de Burzaco, ubicado en la calle Roca 715 a 1 cuadra de la estación del Ferrocarril.

La entrada es gratuita, y solo pedimos la colaboración con 1 alimento no perecedero que será donado a una institución de bien público.

ÁNGELA PRADELLI es escritora y profesora en Letras, entre sus obras podemos mencionar: 

"Amigas mias", "El lugar del padre", "Turdera", "Combi", "En mi nombre, historias de identidades restituidas", "La búsqueda del lenguaje", "El sentido de la lectura"....

Su última obra "El sol detrás del limonero (2016, ed. El Bien del Sauce") ha recibido excelentes críticas.

También ha recibido numerosos premios. Entre ellos: Premio Emecé, premio Clarín, Municipal de Novela Ciudad de Buenos Aires....y becas del Akrai Residency Multidisciplinary Program in Sicily; The Bogliasco Fundation, New York (EEUU); de la Fundazione Casa Atelier Bedigliora, Suiza; del Omi International Arts Center, New York y de la Shanghai Writers Association, China. 

Sus libros fueron traducidos al inglés, alemán, francés e italiano.

Para conocer un poco más sobre su último trabajo recomendamos la siguente nota: http://www.revistaanfibia.com/cronica/mi-abuelo-no-hablaba-de-la-guerra/


El 1er encuentro organizado fue en Octubre de 2016 y participó la escritora Claudia Piñeiro, con muy buena asistencia de público. La crónica del mismo se puede leer AQUÍ

Juan Pablo Gómez

jueves, 6 de abril de 2017

Jacques Vallée en Argentina. Un Encuentro Cercano con un científico de mente abierta.

Primera imagen con Jacques Vallée (15-09-16), en el marco de la conferencia del CEFAe
El jueves 22 de septiembre de 2016 , por la mañana, pude concretar uno de esos deseos que, creía, quedaría incumplido de por vida.
Desde que tenía 15 años, cuando llegó a mis manos un viejo número de la ya desaparecida revista "Cuarta Dimensión" (que dirigía Fabio Zerpa), la cuestión OVNI despertó en mi una gran curiosidad. A los 18, ya había reunido y leído buena cantidad de bibliografía. Durante años fui recorriendo las librerías de "usados", ferias y puestos de plaza (hoy, existe Mercado Libre, pero en ese entonces internet ni se vislumbraba) y todo libro o revista que tuviera el término OVNI, platillos volantes, ufos, y similares terminaba en mi biblioteca. Siempre consideré importante leer de todo; pero, claro, el contenido de éstos variaba notablemente según la postura de su autor. Y el nivel del tratamiento que le daba a la información. También por el análisis y las teorías que en estos se proponía.
El Dr. Jacques Vallée  fue autor de libros excelentes como "Fenómenos Insólitos del Espacio" (1966), "Pasaporte a Magonia" (1965), "El Colegio Invisible" (1975), "Dimensions: A casebook of Alien Contact" (en español se llamó "Crónica de otros mundos"), por mencionar solo algunos.
Era uno de esos hombres de ciencias que a pesar de que el establishment científico desacreditaba el tema OVNI, él lo investigaba.  No era el único, claro. Era una generación de investigadores que arrancaron en los 50 y principios de los 60: Vallée, Aimé Michel, el astrónomo Joseph Hynek, el Dr James Mc Donalds, entre otros. Eran pioneros en un campo de estudio complejo, difícil de catalogar, una cuestión -las de los OVNIs- que no los beneficiaba frente a sus colegas; por el contrario, los desacreditaban.Sin embargo, ellos siguieron. Y fueron los que brindaron las primeras herramientas en la investigación. Fueron también los primeros en exponer en distintas instituciones científicas y gubernamentales de varios países e incluso a nivel Mundial, como la ONU (Organización de las Naciones Unidas). Allí, en 1978, por primera vez estaban dos científicos hablando sobre la importancia del estudio de la cuestión OVNI, el Dr. Joseph A. Hynek y el Dr. Jacques Vallée;  el mismo que estaba ahora sentado junto a mi esa mañana de septiembre de 2016. Un hombre sencillo, de voz pausada y tono bajo, muy atento a lo que le podíamos contar. Que se esforzaba por hablar el español. De esa camada de pioneros extranjeros (porque también en Argentina tenemos los nuestros) Vallée es, creo, el único vivo y que sigue tan activo como en ese entonces.
Hynek (con pipa) y Valle (en el centro de la foto) 
Yo no estoy -y eso está bien claro- al nivel de sus conocimientos técnicos, científicos ni tengo el bagaje de información sobre la problemática OVNI que durante décadas él ha reunido. Y ha sabido transmitirla muy bien a través de sus obras, consideradas transgresoras incluso en el ámbito OVNI, porque el no suscribe el origen ET como popularmente se le atribuye. Sus teorías son más amplias, más complejas y mucho más atractivas... pero sigue siempre -a sus 77 años- con la mente abierta y recomendando a todos los que lo quieran escuchar sobre la importancia de que la comunidad científica investigue este tema; porque él -y un buen número de científicos-  consideran que detrás de la problemática OVNI pueden descubrirse nuevos fenómenos para la ciencia. Pero también va más allá, plantea que lo que hoy se conoce como encuentros cercanos con los tripulantes de los OVNIs, alguna vez fueron encuentros con seres elementales, elfos, hadas... (pobladores de esa tierra llamada "Magonia") e incluso las apariciones religiosas bien podría haber sido otra forma que la inteligencia rectora (cuya procedencia desconocemos) eligió para manifestarse y generar en la Humanidad transformaciones de conciencia.
Dijo Vallée: " ...estamos tratando con un nivel de conciencia no reconocido, independiente del hombre, pero conectado con la Tierra, que tiene su propia relación con fuerzas cósmicas" (Crónica de Otros Mundos).
Y en relación a las experiencias más cercanas, los Encuentros Cercanos del 3er. Tipo o las "Abducciones" dijo: "Yo creo que el fenómeno ovni es uno de los medios mediante los cuales una forma de inteligencia extranjera, de una complejidad extraordinaria, se comunica con nosotros simbólicamente. Nada indica que sea extraterrestre. Más bien prueba ampliamente que tiene acceso a procesos "psíquicos! que aún no dominamos, sobre los que aún no hemos hecho investigaciones. Frente a la interacción en el plano simbólico o místico, todas las sesiones de hipnotismo y las búsquedas e implantes son quizá tan futiles, como las preguntas planteadas por los inquisidores a las brujas que volvían del sabbat" ("Crónica de otros Mundos")
Un dato de color. Muchos recordarán la película de Steven Spielberg "Close Encounters of the Third Kind", (Encuentros cercanos del tercer tipo) de 1978.  Ese film donde se describe primero la interacción entre testigos, luces y platillos; el impacto de conciencia que en éstos el fenómeno generaba y concluye con un semi aterrizaje y encuentro  entre un numeroso grupo de científicos y los tripulantes de las naves, sobre la ladera del cerro "La torre del diablo". Esta película -excepto el final- es como un documental, porque mostraba y describía con mucha exactitud el fenómeno: su comportamiento, características y las reacciones habituales que generaba en muchos testigos. Y Spielberg logró eso, porque tuvo como asesor a un astrónomo que investigó durante muchos años la cuestión ovni: el Dr. Joseph Allen Hynek y junto a él estuvo Vallé. De hecho, el personaje interpretado por François Truffaut, que en el film es el  investigador principal, de nacionalidad francesa,  estaba inspirado precisamente en Jacques Vallé. 
Poco años después -cuando yo estaba ya inmerso en la problemática OVNI, viajando y entrevistando testigos in situ, desee muchas veces que el destino nos cruzara alguna vez. El tiempo pasó, yo me fui alejando de la, podría decir (aunque sé que me queda grande el término),  "investigación OVNI" , aunque la llamita siempre está encendida, no por nada estaba yo sentado ahí... pero pensé que sería un deseo irrealizable.

Sin embargo, ese hombre, el autor de cuyos primeros libros yo leía a los 16 años con tanto interés, con tanta fruinción -y que despertaban en mi la intriga por conocer más- estaba sentado ahora junto a mi ¡28 años después!....

Y aproveché la ocasión que me facilitó mi amiga Andrea Perez Simondini (a quién le estoy muy agradecido) para contarle al Dr. Vallée el trabajo que realizamos durante años los integrantes de Gaceta OVNI (Daniel López, Carlos Ingaramo, Carlos Fernández, Francisco Martínez, Patricio Parente, Claudio Miszka, Carlos Vales y quién esto escribe); sobre los viajes y los testimonios de primera mano que pudimos recoger en Salta, Jujuy, San Juan, Mendoza, Córdoba, La Pampa, Entre Rios, Buenos Aires, Santa Fé...en fin, en gran parte de país; testimonios inéditos, la mayoría, que dieron cuenta no solo sobre la observación de lo que llamamos Fenómeno OVNI sino también experiencias que, en otras épocas, se hubieran catalogado directamente como mitos y leyendas. Sin embargo, éstas habían transcurrido en años recientes. Eso nos interesaba sobremanera, especialmente los encuentros con las "luces", pues en estos casos generalmente había una aproximación al o los testigos, interaccionaban con éstos, y -con cierta frecuencia- respondían a sus estímulos (mostrando patrones de "conducta" y morfología similares a otras que se registraban en distintas partes del mundo). Acá, en Argentina, durante décadas se atribuyeron al folklore, y las llamaron -entre otras denominaciones- "luces malas". Éstas tenían nuestra mayor atención en los últimos años.
Además de contarle de nuestra actividad, le entregué para su lectura más de 20 artículos publicados en Gaceta (que actualmente se pueden leer en la web de Vision OVNI ; también el informe preliminar del Caso Bariloche (1995), un ejemplar de la Gaceta en papel (circa 1998) y un obsequio muy especial para mí: el último libro del pionero argentino Oscar Adolfo Uriondo.
Entregándole a Vallée mi ejemplar del libro de Oscar Uriondo
Uriondo (n.1927), se interesó por la cuestión OVNI también a principios de los 60. Es, a sus 87 años, uno de los mayores exponentes del estudio científico de esta problemática en nuestro país. Profesor de geografía y bibliotecario se ha destacado por ser metódico en el tratamiento de la información y por aportar lúcidos análisis a la comunidad ufológica, a través de sus notas y de sus obras: "Objetos Aéreos No Identificados: Un enigma actual"(Plus Ultra, 1965); "El problema científico de los OVNI (Plus Ultra, 1968), "Los aterrizajes de OVNI en la Argentina (Autor, 1972)" y "Anomalía OVNI: Las evidencias de un fenómeno evasivo" (Dunken, 2006). Fue ésta última precisamente que le obsequié a Vallée, porque me pareció importante que llegue a sus manos y también porque era otra manera de homenajear el loable y gran aporte que hizo este pionero argentino, con quién tuve el gusto de trabajar en el informe del caso Bariloche y a quién me une una sincera amistad. Otra persona con una humildad y sencillez que encontré en Vallée.
Uriondo también escribió varios artículos en Gaceta OVNI, pues él tenía su columna especial, y actualmente se pueden leer en http://www.visionovni.com.ar/archivos/tag/oscar-uriondo
Oscar Adolfo Uriondo 
Vallée firmando uno de sus libros
Andrea Pérez Simondini intercambiando información con el Dr. Vallée
Jacques Vallée y su participación en "Humanos. El llamado guaraní".
El astrofísico francés vino a la Argentina gracias al film que está realizando un joven director llamado Alan Stivelman.
Éste autor ya ha realizado una película-documental ("Humanos") en 2013 que tuvo muy buenas críticas. Un viaje -iniciático, podríamos decir- que hace su director a los Andes para conocer la cultura andina y encontrar en los conocimientos ancestrales -transmitidos por un sacerdote andino- respuestas a varias inquietudes y dilemas existenciales.
Stivelman ya concluyó el rodaje de "Humanos: el llamado guaraní", basada en la historia de una experiencia impactante acontecida en 1978 y que tuvo como testigo a Juan Pérez, en ese entonces de 12 años quién aseguró haberse encontrado con un "platillo volante" y dos entidades. El encuentro se dio el 6 de septiembre de 1978 en un campo deVenado Tuerto (Santa Fé). Casualmente, ese año, Jacques Vallée vino a la Argentina invitado por Fabio Zerpa y tuvo oportunidad de entrevistar al niño. Ese niño hoy es un adulto de 50 años que sigue sosteniendo que su experiencia fue real y ha relatado numerosas veces la misma historia, en distintas épocas.
Pero ya hablaré sobre esto...



viernes, 30 de septiembre de 2016

Claudia Piñeiro en Burzaco!. En el Club Burzaco. 08 de octubre 2016, 17 horas



Promete ser un buen encuentro el del sábado 08/10 a las 17 horas en el club de Burzaco, ubicado en la calle Roca 715, a una cuadra de la estación.

No será una exhibición de pelota a paleta, como acostumbraba a realizar en sus tiempos el eximio Nestor Delguy. Será, esta vez, la charla de la también destacada escritora Claudia Piñeiro. 

La entrevista se organizó en el marco del Proyecto narrativo "Memoria Colectiva (Alte Brown)" a través del cual venimos invitando a los interesados a escribir historias de, en principio, dos lugares de mucho interés para nosotros: Ministro Rivadavia (primer poblado de Alte. Brown) y la mencionada quinta Rocca (antes campo Rocca). Un proyecto modesto, desarrollado por vecinos.

Por eso, para nosotros es un honor recibir la visita tan reconocida escritora y dramaturga, en la ciudad de su niñez y adolescencia. Desde hace tiempo queríamos comenzar con actividades culturales organizadas por vecinos (esta es la primera) pero, honestamente, no creíamos que lo iniciaríamos con semejante presencia. 

Estamos muy agradecidos con Claudia por la deferencia de haber aceptado nuestra modesta invitación, sabiendo además lo ocupada que suele estar entre presentaciones, congresos y jornadas en nuestro país y en el exterior. Su presencia además, nos ayudará a reunir donaciones de alimentos para colaborar con una institución solidaria. 

Vaya también nuestro especial agradecimiento para la comisión directiva del Club de Burzaco que aceptaron gustosos esta propuesta y pusieron a disposición sus instalaciones de forma gratuita siendo de este modo co-organizadores del evento; un club emblemático para los burzaqueños que en 2017 cumple los 100 años! Un lugar, también, con muchos recuerdos para la escritora.  

Los esperamos!. 


   
* La primera que organizamos desde el grupo de Vecinos por la protección ambiental y patrimonial (Ministro Rivadavia/Burzaco), nacido a su vez del grupo vecinal por la protección de la ex quinta Rocca). 
Ambos grupos a-partidarios.

Juan Pablo Gómez
Te. 155 315 5573

Claudia Piñeiro en Burzaco!.



Promete ser un buen encuentro el del sábado 08/10 a las 17 horas en el club de Burzaco, ubicado en la calle Roca 715, a una cuadra de la estación.

No será una exhibición de pelota a paleta, como acostumbraba a realizar en sus tiempos el eximio Nestor Delguy. Será, esta vez, la charla de la también destacada escritora Claudia Piñeiro. 

La entrevista se organizó en el marco del Proyecto narrativo "Memoria Colectiva (Alte Brown)" a través del cual venimos invitando a los interesados a escribir historias de, en principio, dos lugares de mucho interés para nosotros: Ministro Rivadavia (primer poblado de Alte. Brown) y la mencionada quinta Rocca (antes campo Rocca). Un modesto proyecto desarrollado por vecinos.

Para nosotros es un honor recibir la visita tan reconocida y destacada escritora en su ciudad de origen. Desde hace tiempo queríamos comenzar con actividades culturales organizadas por vecinos (esta es la primera) pero, honestamente, no creíamos que lo iniciaríamos con semejante presencia. 

Estamos muy agradecidos con Claudia por la deferencia de haber aceptado nuestra modesta invitación, sabiendo además lo ocupada que suele estar entre presentaciones, congresos y jornadas en nuestro país y en el exterior. Su presencia además, nos ayudará a reunir donaciones de alimentos para colaborar con una institución solidaria. 

Vaya también nuestro especial agradecimiento para la comisión directiva del Club de Burzaco que aceptaron gustosos esta propuesta y pusieron a disposición sus instalaciones de forma gratuita siendo de este modo co-organizadores del evento; un club emblemático para los burzaqueños que en 2017 cumple los 100 años! Un lugar, también, con muchos recuerdos para la escritora.  

Los esperamos!. 

   
* La primera que organizamos desde el grupo de Vecinos por la protección ambiental y patrimonial (Ministro Rivadavia/Burzaco), nacido a su vez del grupo vecinal por la protección de la ex quinta Rocca). 
Ambos grupos a-partidarios.

Juan Pablo Gómez
Te. 155 315 5573